Alcancemos la condición divina

La Transfiguración Mc 9,2-10

 

~ Rabbí, viene muy bien quedarnos aquí; hagamos tres chozas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías ~

Lo que ven los discípulos es un pedacito de cielo, el estado final del hombre que con su entrega ha superado la muerte. Así están Elías y Moisés. Nosotros queremos asomarnos a esa “condición divina” y fortalecer nuestra decisión de trabajar toda la vida para alcanzar nuestra propia transfiguración, para entrar en la condición divina.

¡Qué esperanzador intentar este asomo al misterio de Dios, especialmente ahora, cuando el mundo sabe poco de misterios y entiende menos de sacrificios! Y es que, para alcanzar la condición divina, ya sea en el asomo temporal, al modo de Pedro, Santiago y Juan; o de forma definitiva como Elías y Moisés, hemos de pagar el precio de la transfiguración. No se llega a la condición divina, a nuestro estado final, si no es entregando la vida.

Pedro estaba “muy a gusto”, porque estaba en Dios, pero no entendía que para quedarse ahí, había que pagar el precio. Era necesario bajar para vivir el misterio de Jesús, sufrir su negación de Jesús, ser perseguido, fundar la Iglesia de Roma, morir crucificado, y justo al final, en su decisión de configurarse con Cristo, sentirse indigno de morir como su Maestro y pedir que lo crucificaran boca abajo.

El precio de la Transfiguración se paga con la vida, una vida de entrega que le da sentido a nuestra existencia, y una vida de continua configuración con Jesús.

El Evangelio siempre es alegría, incluso aquí, en nuestra configuración y transfiguración, por eso “alcanzar la condición divina”, desde nuestra entrega, por dolorosa que pudiera parecer, es un camino de felicidad, o no es auténtica.

 

Oración:

Señor Jesús, llámanos a subir contigo.

Permite que en familia nos configuremos lo suficiente a ti como para alcanzar la cima en tu condición divina. Y que la fortaleza y la alegría sean el signo de que te hemos seguido paso a paso. Amén.