Asumamos nuestra hora

San Lorenzo, diácono y mártir / Jn 12, 24-26

Jesús descifra el momento exacto de completar su misión: “...La hora de que el Hijo del hombre sea glorificado”. Se ubica en el templo de Jerusalén, dice su último discurso público, es la víspera de su arresto y Jesús ve venir el momento de su entrega hasta la muerte.

Cuando Jesús se pone de pie y decide que ha llegado su hora, ¿de qué hora habla? De la hora de desarrollar a plenitud la misión para la que ha sido enviado por Su Padre. La Hora de Jesús es la hora de incursionar en la donación absoluta de su persona, para dar vida. Es la hora eficaz de modificar la historia, con una muestra suprema de amor; es la hora de la fecundidad que se da solo después de la muerte.

Nosotros podemos descifrar el momento exacto de nuestra vida para asumir nuestra hora, sin miedo a morir en los siguientes cuatro días, como sucedió en Jesús; o como sucedió con San Lorenzo. Que el 6 de Agosto de 258, viendo como la policía del emperador Valeriano asesinaba al Papa Sixto mientras celebraban la Santa Misa en el cementerio de Roma, dijo: “Padre mío, ¿te vas sin llevarte a tu diácono?” y San Sixto le respondió: Hijo mío, dentro de pocos días me seguirás. Y así sucedió a los cuatro días, San Lorenzo asumió su hora. Decidió no entregar los bienes materiales del Papa Sixto y de la Iglesia al emperador que se los demandaba. Fue martirizado a fuego en una parrilla.

Para asumir nuestra hora, no hay edades; cuando llega el momento, se convierte en una fuente de energía inagotable que se mantiene fuerte con la escucha de la voz de Dios que nos acompaña.

 

Oración:

Señor Jesús, nos damos cuenta de que asumir nuestra hora no es fácil.

Infúndenos tu espíritu para empeñar los días que nos quedan de vida en completar la misión para la que nos has llamado. Amén.