Buena Prensa y la grandeza novohispana

A lo largo de la historia de la humanidad, la pintura y sus diversas corrientes artísticas han servido de vehículo para expresar la cultura, los conocimientos e historia de cada época.

Una de estas corrientes ocurrió durante el México colonial a través de la pintura novohispana, plasmada en muchas ciudades y pueblos donde hay conventos y templos de la época. Esta expresión artística, fundamentalmente religiosa, se encargó de reafirmar las doctrinas tradicionales de la iglesia católica como la eucaristía como sacrificio, el papel intermediario del sacerdocio, la devoción a la madre de Dios, los poderes intercesores de María y los santos, el valor espiritual de la vida religiosa, entre otros temas.

Juan Rodríguez Juárez, gran representante del barroco colonial

El esplendor del Virreinato de Nueva España tuvo a un digno representante en Juan Rodríguez Juárez (ciudad de México, 1675-1728), considerado uno de los mejores pintores barrocos novohispanos, pues su talento y gusto por las artes corría por sus venas por haber pertenecido a una extensa familia de pintores de la época colonial, entre los que cabe citar a su abuelo José Juárez y a su padre, Antonio Rodríguez.    

La precisión del dibujo, el manejo claro-oscuro y la solidez de las figuras, son algunas de las características que más destacan en su obra, siendo algunas de las más notorias las que realizó para el Retablo de los Reyes en la Catedral Metropolitana de la Ciudad de México, con los temas de la Asunción de la Virgen y la Adoración de los Reyes.

A Juan Rodríguez Juárez se le adjudica la introducción de importantes innovaciones estilísticas y el haber impulsado, hacia el año 1722, el establecimiento de una academia independiente de pintura. Además, no podemos pasar por alto su incursión e influencia en el arte de principios del siglo XVIII, al haber sido pionero en la transición artística del barroco novohispano del siglo XVII, representado por artistas como Cristóbal de Villalpando y Juan Correa, al barroco tardío del siguiente siglo.

Rodríguez Juárez también cultivó el género del retrato pictórico destacando la pintura del arzobispo José de Lanciego y la del virrey Fernando de Alencastre, duque de Linares. De igual forma sobresalen los cuadros La Educación de la Virgen, Jesús con la mujer enferma, La Virgen del Carmen con santa Teresa y san Juan de la Cruz, así como Entierro de Cristo.  

Apoteosis de la Eucaristía

Como parte de su acervo pictórico, debemos mencionar que Buena Prensa es propietaria de la magnífica obra, “Apoteosis de la Eucaristía”, realizada por Juan Rodríguez Juárez en 1723, cuyo tema principal es, precisamente, la adoración de la eucaristía por parte de santa Clara y san Francisco.  

Cabe destacar que la pintura fue hecha originalmente para el extemplo de Corpus Christi, –hoy, Archivo General de Notarías de la Ciudad de México–, para adornar el retablo mayor de tipo anástilo.

De acuerdo con los expertos, el cuadro “Apoteosis de la Eucaristía” permaneció expuesto por muchos años en dicho lugar del Centro Histórico, sin embargo, no existe información que indique en qué momento cambió de lugar.

Fue hasta años después que la pintura fue encontrada por el historiador y curador de arte Jaime Genaro Cuadriello Aguilar, quien a su vez la entregó a Buena Prensa para su preservación.

Pintado en México, 1700-1790: Pinxit Mexici

Como parte del interés en la cultura y con la finalidad de dar a conocer la importancia del arte novohispano al mundo, Buena Prensa dio en préstamo esta obra para que formara parte de la exposición Pintado en México, 1700-1790: Pinxit Mexici, muestra dedicada a un periodo en la historia de la pintura mexicana, caracterizado por importantes cambios estilísticos y a la invención de nuevas y fascinantes iconografías.

La exposición, que reunió más de un centenar de obras, muchas inéditas o restauradas para la muestra, provenientes de colecciones públicas y privadas de México, Estados Unidos, España y Portugal, logró mostrar a los visitantes el florecimiento del arte colonial del siglo XVIII.  

Inicialmente expuesta en la Ciudad de México en el Palacio de Iturbide del Centro Histórico, la pintura Apoteosis de la Eucaristía, junto con el resto de las piezas, fue expuesta en Los Angeles County Museum of Art (LACMA) y posteriormente en el Metropolitan Museum of Art de Nueva York (MET), recibiendo amplia cobertura de medios de comunicación de México, Estados Unidos y Europa.

De acuerdo con los organizadores del evento, entre ellos Fomento Cultural Banamex, A.C., se trató de un proyecto irrepetible que ayudó a mejorar el entendimiento de la pintura novohispana en la historia del arte global, una expresión que reflejó el arte fiel de una sociedad y que enfatiza que el arte mexicano de esa época fue poseedora de una gran calidad artística, con obras de enorme calidad, comparable con muestras de otras ciudades europeas.