En la Exhortación Apostólica Postsinodal Christus vivit, del 25 de marzo de 2019, en 50 páginas y en nueve capítulos el papa Francisco se dirige a los jóvenes.

En la introducción, los anima: “Cuando te sientas avejentado por la tristeza, los rencores, los miedos, las dudas o los fracasos, Él estará allí para devolverte la fuerza y la esperanza”.

En el capítulo primero, ¿Qué dice la Palabra de Dios sobre los jóvenes?, les hace ver que “la gloria de la juventud está en el corazón más que en la fuerza física o en la impresión que uno provoca en los demás”.

En el capítulo segundo, Jesucristo siempre joven, les despierta la confianza: “Jesús tenía una confianza incondicional en el Padre… …Dirigió su mirada al futuro abandonándose en las manos seguras del Padre y a la fuerza del Espíritu. En Jesús todos los jóvenes pueden reconocerse”. 

En el capítulo tercero, Ustedes son el ahora de Dios, los confronta con sutileza: “Si eres joven en edad, pero te sientes débil, cansado o desilusionado, pídele a Jesús que te renueve. Con Él no falta la esperanza. Lo mismo puedes hacer si te sientes sumergido en los vicios, las malas costumbres, el egoísmo o la comodidad enfermiza. Jesús, lleno de vida, quiere ayudarte para que ser joven valga la pena”.

En el capítulo cuarto, El gran anuncio para todos los jóvenes, se dirige a su espiritualidad: “En estas tres verdades –Dios te ama, Cristo es tu salvador, Él vive– aparece el Padre Dios y aparece Jesús. Donde están el Padre y Jesucristo, también está el Espíritu Santo. Es Él quien está detrás, es Él quien prepara y abre los corazones para que reciban ese anuncio, es Él quien mantiene viva esa experiencia de salvación, es Él quien te ayudará a crecer en esa alegría si lo dejas actuar. El Espíritu Santo llena el corazón de Cristo resucitado y desde allí se derrama en tu vida como un manantial”.

En el capítulo quinto, Caminos de juventud, los guía: no se trata de ser un insaciable que siempre está obsesionado por más y más placeres. Al contrario, porque eso te impedirá vivir el presente. La cuestión es saber abrir los ojos y detenerte para vivir plenamente y con gratitud cada pequeño don de la vida” y los invita a perdonar para evitar ensimismarse: “Las heridas recibidas pueden llevarte a la tentación del aislamiento, a replegarte sobre ti mismo, a acumular rencores, pero nunca dejes de escuchar el llamado de Dios al perdón”.

En el capítulo sexto, Jóvenes con raíces, los previene: “Si una persona les hace una propuesta y les dice que ignoren la historia, que no recojan la experiencia de los mayores, que desprecien todo lo pasado y que sólo miren el futuro que él les ofrece, ¿no es una forma fácil de atraparlos con su propuesta para que solamente hagan lo que él les dice? Así funcionan las ideologías de distintos colores, que destruyen todo lo que sea diferente y de ese modo pueden reinar sin oposiciones”.

En el capítulo séptimo, La pastoral de los jóvenes, explica que “la pastoral juvenil implica dos grandes líneas de acción. Una es La Búsqueda, la convocatoria, el llamado que atraiga a nuevos jóvenes a la experiencia del Señor. La otra es El Crecimiento, el desarrollo de un camino de maduración de los que ya han hecho esa experiencia” y agrega que “Cualquier proyecto formativo, cualquier camino de crecimiento para los jóvenes, debe incluir ciertamente una formación doctrinal y moral”.

En el capítulo octavo, La vocación, refiere que “la vida de cada joven, normalmente está relacionada con dos cuestiones básicas: la formación de una nueva familia y el trabajo. Ambas deben ser objeto de un especial discernimiento”, y los hace recapacitar: “No dejen que los engañen esos que les proponen una vida de desenfreno individualista que finalmente lleva al aislamiento y a la peor soledad”.

En el capítulo noveno, El discernimiento, los convoca a conocerse bien a sí mismos: “Cuando se trata de discernir la propia vocación, es necesario hacerse varias preguntas. ¿Me conozco a mí mismo, más allá de las apariencias o de mis sensaciones?, ¿conozco lo que alegra o entristece mi corazón?, ¿cuáles son mis fortalezas y mis debilidades?, ¿cómo puedo servir mejor y ser más útil al mundo y a la Iglesia?, ¿cuál es mi lugar en esta tierra?, ¿qué podría ofrecer yo a la sociedad?, ¿tengo las capacidades necesarias para prestar ese servicio?, o ¿podría adquirirlas y desarrollarlas?”.

Finalmente, los congrega: “El Espíritu Santo los empuje en esta carrera hacia adelante. La Iglesia necesita su entusiasmo, sus intuiciones, su fe. ¡Nos hacen falta!”.