Te vas a sorprender de la forma tan sencilla e inmediata con la que te comunicas con los santos.

Primero pensemos que la Iglesia puede ser mejor entendida como “la asamblea de todos los santos”, entonces se trata de los santos que estamos en la tierra y los del cielo.

Aquí vamos recordando lo que aprendimos desde el catecismo: que la Iglesia es mucho más que lo que vemos a simple vista; vivimos la Iglesia en cualquiera de sus tres estados: unos peregrinamos en la tierra; otros, ya difuntos, se purifican; mientras que otros, están glorificados, contemplando a Dios, tal cual es.

En un segundo momento entendamos cómo acontece la comunión de los miembros de la Iglesia: todos los que creemos formamos un solo cuerpo en el que el bien de los unos se comunica a los otros. Y como el miembro más importante de este cuerpo-Iglesia, es Cristo que es nuestra cabeza, así sus bienes nos los comunica a todos los miembros de la Iglesia, los del cielo, los que purgan y los de la tierra.

Los que todavía somos Iglesia peregrina nos comunicamos con Dios, con la Virgen María, los ángeles y los santos, de una forma maravillosa. Hagamos de cuenta que tenemos puertas, puentes o túneles que comunican la Iglesia del cielo con la de la tierra. Sólo te diré las más conocidas:

  • Los sacramentos. En cada sacramento Dios mismo acontece, los frutos de los sacramentos nos pertenecen a todos, cada miembro dispone de este fondo de vida de Dios para alimentarse y crecer. Pero de entre los siete sacramentos, hay que destacar la Eucaristía, porque Cristo la hizo culmen de comunicación con él y con su Padre, en el Espíritu.
  • Los carismas y la oración: Son gracias especiales que el Espíritu Santo distribuye entre nosotros los fieles. Poniendo al servicio de los demás nuestros carismas y orando, no solo construimos la Iglesia de la comunidad peregrina, sino que avanzamos en nuestro camino hacia la Iglesia del cielo.
  • La caridad: Porque en la comunión de los santos, “ninguno de nosotros vive para sí mismo; como tampoco muere nadie para sí mismo” —Rm 14,7—. Veamos que el menor de nuestros actos hecho con caridad repercute en beneficio de todos, vivos o muertos.

 Gracias a esta comunión entre los santos del cielo y los de la tierra, gozamos de:

  • La intercesión de los santos en favor nuestro; y de la comunicación con ellos.
  • La Comunión con los difuntos.

 ¿Puedes recordar las veces en que te experimentaste parte de esta grande comunión con Dios, con María y con los Santos?

Imagina la forma en que un buen acto tuyo se une a los demás miembros de la Iglesia y da gloria a Dios.

Gocemos hoy de experimentar que no estamos solos en medio de las dificultades de nuestras vidas y condicionamientos sociales. Somos una gran familia humana y divina en perfecta comunicación de vida y de amor. —Para profundizar más: Catecismo de la Iglesia Católica: La Comunión de los Santos 946-962—