Cómo superar la epilepsia…

Sábado 18° Ordinario / Mateo 17, 14-20

 

~ Le dirían a aquella montaña que viniera aquí, y vendría ~

El presente episodio, aparte de contener la imagen hermosa de un padre de familia desesperado por curar a su hijo, y de ubicarnos en el contexto de la fe, el poder de la fe, nos recuerda que para curar-liberar en nombre de Jesús, hay que adherirse a Él, en su mesianismo de servicio y de amor, descartando la ambición de poder y dominio.

La epilepsia del niño refleja la desesperación del pueblo que busca salir de la opresión usando la violencia. Los discípulos se dejaron confundir o impresionar por esta desesperación, al grado de desear una liberación más inmediata y con poder ––lo contrario del mesianismo de Jesús––, en lugar de confiar en el nombre de Jesús y en la oración.

Parece que así pasamos la vida, también hoy: con la tentación de cruzar la delgada línea que separa los procesos y proyectos de Dios para con nosotros y la comunidad humana, e intentamos tomar las riendas de la historia basándonos en las ideologías del momento, sobre todo, la del dominio y la violencia.

Hoy podemos entender este Evangelio como una luz de alerta que nos reclama poner atención respecto de la manera en que afrontamos la vida presente y futura; y en la forma de superar una cierta contaminación espiritual a escala universal que amenaza a la humanidad en su dignidad, incluso en su existencia, haciéndole ver su fe como ridícula e insensata. En verdad no es así. Todo lo contrario: nuestra fe, por incipiente que pudiera parecernos, contiene un poder inmenso, semejante al de quien mueve una montaña de lugar.

Oración:

Señor Jesús, nosotros somos ese padre desesperado, y a la vez el niño epiléptico.

Permítenos erradicada cualquier forma de epilepsia; que apenas aparezca el mínimo rasgo de esta enfermedad o de falta de fe, logremos juntos, en tu nombre, superarla. Amén.