Pues el más pequeño de entre ustedes, ése es mayor”.

Los discípulos, que no han comprendido del todo el programa de Jesús, han impedido que alguien expulsara demonios en nombre de su maestro.

Deberán entender que en la misión, sólo quienes intentan con el espíritu de servicio humilde, semejante al de un chiquillo/criadillo, pueden llevar la presencia de Jesús y del Padre a los demás. Así se entiende “el que recibe a este niño en mi nombre, a mí me recibe; y el que me reciba a mí, recibe a Aquel que me ha enviado”. Entonces, la verdadera grandeza consiste en la ausencia de ambición.

Juan es uno de los doce, representa al grupo y al Israel que espera un mesías nacionalista. En el fondo, no han impedido que aquel discípulo anónimo expulsara demonios sólo porque no anda con ellos, en el grupo, sino porque su ministerio no se aviene a las categorías del judaísmo que, por otro lado, son contrarias al mensaje de Jesús.

Cristo intenta abrir sus horizontes y su mentalidad; que entiendan que las nuevas categorías del Reino se implantan y al mismo tiempo superan las del judaísmo tradicional: el mejor lugar en la comunidad no lo tiene el que se ostenta, sino quien sirve, aquel que se esfuerza en hacer la voluntad de Dios, y no la de un grupo de poder en la institución judía.

Los que lo siguen deben asumir que el mayor en el Reino de Dios es el más pequeño, el pequeño y más pobre que reconoce su absoluta indigencia y dependencia delante de Dios.

Oración:

Señor Jesús, permite que en mi casa, alcancemos el cielo por medio de un espíritu humilde, de abandono y confianza en ti. Que encontremos a Dios nuestro Padre, ayudados por ti. Danos la gracia de ocupar un lugar en tu Reino del cielo. Amén.