Despiértanos para el juicio final…

Viernes 21° Ordinario / Mateo 25, 1-13

 

~ Mas a medianoche se oyó un grito: ¡Ya está aquí el novio! ¡Salgan a su encuentro! ~

La enseñanza de esta parábola: “Velen, pues, porque no saben ni el día ni la hora”, nos concientiza acerca de nuestra responsabilidad personal ante Dios. No es sustituible; las actitudes de previsión y vigilancia no se pueden prestar. Así se entiende que las vírgenes previsoras no han dado aceite a las necias. Porque nuestra respuesta personal a Dios es insustituible.

Nosotros estamos en el tiempo de la vigilancia, el que media entre la ascensión de Jesús hace dos mil años y su vuelta gloriosa al final de los tiempos, cuando juzgará a vivos y muertos. A este momento final le llamamos “parusía”. Se trata de vivir nuestra vida con fidelidad a Jesús y a su proyecto, en tensión amorosa, y esperar sirviendo al Reino de Dios.

Aunque las diez vírgenes parecen ser las protagonistas de esta parábola, en realidad no es así. En efecto, brilla la figura del novio que se dilata en llegar, así como el aceite, que es necesario para entrar al banquete de bodas. En esta espera, iluminados por la lámpara de nuestra vigilancia en amor y fe mantenidos, constatamos que la muerte ––hacia donde nos dirigimos–– nada tiene de terrible; más bien, corona la vida que hemos llevado.

Aprovechemos mientras podamos; vivamos nuestra espera como una vigilia amorosa y responsable, haciendo obras de misericordia, porque tras nuestra muerte ya no será posible. Cuando nos despierten para el juicio final, estemos seguros de que el veredicto se basará en el amor que hayamos practicado en la vida terrena.

Oración:

Señor Jesús, que seamos responsables de lo que nos toca vivir, manteniéndonos vigilantes y en una tensión amorosa tal, que no dejemos que nuestra lámpara se apague. Haz que suceda, despiértanos para el juicio final y llévanos a vivir en ti. Amén.

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