VER

Ante las dificultades de la vida, los problemas cotidianos y las adversidades del mundo moderno, nos sobrecogen la duda y la desesperanza; cada amanecer, aun con la luz que el sol nos dispensa, parece sombrío. Nos preguntamos, desesperadamente: ¿hasta cuándo? Cómo y quién nos ayudará a resolver tanta dificultad.

Cuándo, cómo y quién…, corren el riesgo de convertirse en realidades inalcanzables e inciertas, si no convenimos en reconocer que son experiencias inherentes al hombre, que surgen de él y las provoca.

Nos enfrentamos al miedo y la desesperación, pero también a la indiferencia, la irresponsabilidad y la negativa a participar para involucrarnos y ser parte en la solución de esos problemas. Individuos y sociedad estamos capacitados para que, trabajando como cuerpo y comunidad, pongamos tiempo al cuándo, determinemos cómo y nos aventuremos a decir quiénes

ILUMINAR

El contexto de las bodas de Caná no es, en realidad, el de una fiesta nupcial ordinaria, sino el de una comunidad (esposa) que decide cambiar su vida, pactando una nueva alianza con Dios, en la persona de Jesús (esposo). La situación de Israel en ese momento y el desgaste de una tradición estancada, daba paso a las injusticias, provocando dudas y generando preguntas en el corazón de la gente: ¿hasta cuándo? ¿Cómo? ¿Quién?

Todo, en el evangelio de Juan, guarda un místico simbolismo, que sólo se desentraña yendo más allá de los signos materiales (fiesta, agua, odre, vino…). Es el caso de esta narración, que sirve de anclaje entre la manifestación mesiánica de Jesús y el inicio de su actividad como tal. Nos encontramos con un acontecimiento mesiánico (boda mesiánica) y la culminación plena de la epifanía.

La preocupación de María por la situación de la boda, quien se pronuncia diciendo ya no tienen vino (v. 3), está en sintonía con las palabras del profeta Isaías, en las que se refleja una actitud dispuesta a cambiar el incierto destino del pueblo: Por amor a Sión no me callaré y por amor a Jerusalén no me daré reposo, hasta que surja en ella esplendoroso el justo y brille su salvación como una antorcha (62,1).

Aquí, los protagonistas son María y Jesús. Ambos han sido ungidos con el Espíritu de Yahvé que los hace partícipes y actores de una misión transformadora; desde esa conciencia, María se atreve y Jesús transforma. La razón de todo es el pueblo, el bien común de todos.

¿Cuándo, cómo y quién?: Hagan lo que él les diga… (Jn 2,5).

ACTUAR

Nuestras vidas son, tal vez, como las tinajas de piedra, vacías, frías, inertes…, que habrá que llenar con el agua que nutre y purifica, para luego dejar que la Buena Nueva la transforme en el vino de la  fraternidad, el gozo y el compromiso.

Si la situación del mundo, del país y de nuestros pueblos nos preocupa, tomemos la misma actitud de María, alcemos la voz y demos pautas desde la fe, porque en cada uno se manifiesta el Espíritu para el bien común…, y Dios, hace todo en todos. (1Cor 12,7 y 6).