VER

El panorama internacional nos deja ver diferentes rostros de la sociedad, en ellos se refleja la inconformidad, el descontento, la descomposición de los sistemas de gobierno, las injusticias, la falta de libertad, el deterioro de la democracia, la corrupción, la imposición de gobiernos absolutistas y dictatoriales, el atropello de los derechos humanos, la desesperación, la violencia, el crimen organizado y la muerte.

En el paso de los migrantes centroamericanos, en la marcha de “chalecos amarillos”, en la confrontación con los “huachicoleros”, en el paro de taxistas alrededor del mundo, en la Asamblea Nacional en Venezuela, etc., los hombres confluyen en un mismo grito: ¡Ya basta…!

Son los temas recurrentes en los discursos y en las opiniones que tratan de hacer un análisis de la realidad, en los que se reflejan las más hondas necesidades de la humanidad: libertad, justicia, paz, democracia, bienestar, salud, vivienda digna, empleo, educación…

¿Cuántos proyectos políticos habrán hecho suyos estos reclamos? ¿Cuántos de ellos los habrán dejado en la fuerza de un discurso subversivo, ya olvidado?

ILUMINAR

Lucas menciona que Jesús volvió a Galilea después de haber sido tentado en el desierto por el demonio (vv. 13-14); tentaciones que abrían ante él la posibilidad del reconocimiento público, del poder (como dominio) y del poseer, a cambio de la humillación. El no de Jesús es rotundo, antepone su misión mesiánica, destinada a la salvación de todos los hombres, al éxito efímero y engañoso que le ofrecía el tentador.

Jesús había desarrollado otras costumbres, como orar, escuchar en profundo silencio, servir, perdonar y alimentarse de la Palabra del Padre. De allí, de la Palabra, brota el sentido de su misión y un proyecto, claro y preciso, que marcará su itinerario de vida hasta su muerte:

“Entró a la sinagoga, como era su costumbre hacerlo en sábado, y se levantó para hacer la lectura. Se le dio el volumen del profeta Isaías, lo desenrolló y encontró el pasaje en que estaba escrito:

“El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para llevar a los pobres la buena nueva, para anunciar la liberación a los cautivos y la curación a los ciegos, para dar libertad a los oprimidos y proclamar el año de gracia del Señor (vv. 18-19).

Estas palabras están revestidas de responsabilidad, compromiso y misericordia, y se pronuncian a favor de un pueblo que grita: ¡ya basta!

ACTUAR

Nos queda una tarea extremadamente comprometedora, con la realidad, con el mundo, con la humanidad, que surge de nuestra unción bautismal: El Espíritu del Señor está sobre mí…