VER

Los acontecimientos, complejos y dolorosos, que vivimos a diario, consecuencia del actuar humano y de su libertad, se explican, desde el ámbito religioso, a veces irresponsablemente, como la manifestación fehaciente de la “voluntad divina”. Pero sólo una voluntad derrotada, oportunista y primitiva, aceptaría como verdad absoluta la incomprensible intransigencia del hombre…, creyendo que es la de Dios.

¿Acaso todo aquello que se nos presenta como un misterio (porque es inexplicable), la muerte, las guerras, la violencia, la corrupción…, deba ser considerado, sin más, voluntad divina? ¡Qué conveniente si así fuera!: habría siempre un culpable, en este caso Dios, para eximir de toda responsabilidad al hombre.

De la verdad, nos quedamos con la apariencia y nos detenemos, espantados, ante los acontecimientos que nos sobrepasan, que no controlamos en la inmediatez, que no podemos explicar, ni comprender ni asumir.

ILUMINAR

Habrá señales…, las naciones se llenarán de angustia y de miedo…; la gente morirá de terror y de angustiosa espera…” (Lc 21,25-26).

Con dos verbos y dos sustantivos, Jesús pone de manifiesto la sintomatología del desconcierto, de la desconfianza, de la falta de fe y la incredulidad; o de una fe que se contamina de cosas vanas y efímeras y sólo ve en el entorno la “maldad del hombre” y la “implacable voluntad de Dios”.

Desesperanza y depresión, son el gesto en el rostro de tantos hombres confundidos y desorientados; aterrados por el miedo que provoca el desconcierto, la falsedad y la mentira. En este caminar a través de una noche oscura, profundamente oscura, cobran sentido las palabras del Salmo 24: “Descúbrenos, Señor, tus caminos, guíanos con la verdad de tu doctrina. Tú eres nuestro Dios y salvador y tenemos en ti nuestra esperanza.

El agobio que producen la tragedia y las adversidades, no es ausencia de Dios, ni mucho menos el dictamen de una voluntad condenatoria. Por el contrario, todo ello nos habla de una certeza, difícil de comprender: la presencia de Dios entre nosotros. La revelación no es un explicar ni tampoco entender, es, simplemente, un estar (cf. Martin Gelabert). Dios no se revela en los fenómenos extraordinarios, sino en el silencio que nos invita a escuchar, porque Él es y está allí. Cuando estas cosas comiencen a suceder, pongan a tención y levanten la cabeza, porque se acerca la hora de su liberación (21,28).

El miedo nos ahuyenta y preferimos vivir recluidos, ensimismados, cabizbajos, agachados; ajenos a la realidad, para no dar razones de ella. Pero Jesús, en medio de nosotros, nos propone algo distinto: pongan atención y levanten la cabeza…, porque el Señor es recto y bondadoso, indica a los pecadores el sendero, guía por la senda recta a los humildes y descubre a los pobres sus caminos (Sal 24).

ACTUAR

Vivan como conviene, dice Pablo en su carta a los tesalonicenses. ¿Qué significa eso para nosotros?:

  • Estén alerta, para que los vicios, la embriaguez y las preocupaciones de esta vida no entorpezcan su mente y aquel día los sorprenda desprevenidos(v. 34).
  • Velen, pues, y hagan oración continuamente” … (v. 36). Porque el Señor, en medio de nosotros, se descubre a quien lo teme y le enseña el sentido de su alianza (Sal 24).