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Cuando deseamos algo que no poseemos y nos hacemos el propósito de conseguirlo, canalizamos toda nuestras fuerzas y capacidades en ello. Decimos: ¡Haré hasta lo imposible!

La búsqueda no es fácil, es un camino con ciertas dificultades y obstáculos, que se agravan cuando convergen en el proceso las propias limitaciones y las vicisitudes de la condición humana. Es allí donde lo imposible se convierte en un reto y nos pone en la disyuntiva de luchar hasta alcanzarlo o claudicar en el intento. Ningún obstáculo es insuperable, a menos que así lo consideremos…

ILUMINAR

[…] sucedió que un hombre llamado Zaqueo, jefe de publicanos y rico, trataba de conocer a Jesús (Lc 19,2-3).

La personalidad de Jesús y la fuerza de sus palabras provocan, atraen, interpelan; no es posible sustraerse a su paso. En otro momento, los hombres, asombrados, se preguntaban: ¿Quién es este, que hasta los vientos y el lago le obedecen? (Mt 8,27).

¿Quién es? ¿Quién eres? ¿Qué dice la gente…? En la pregunta subyace una intención: identificar, descubrir, conocer… Esta es, probablemente, la misma pregunta de Zaqueo; con ella expresaba su inquietud existencial: ¿Quién soy?

La posibilidad de conocer aquello que movía su corazón, lo enfrentaba a un límite personal (su baja estatura) y una adversidad (la gente), que se lo impedían (v. 3). No obstante, su voluntad férrea lo llevó a superar el desafío, la contundencia de una pregunta no podía quedar sin respuesta: Entonces corrió y se subió a un árbol para verlo cuando pasara por ahí (v. 4).

La determinación de Zaqueo se encontró con la mirada sensible y misericordiosa del Señor, que intuye lo que habita el corazón de cada hombre. Sin mayor preámbulo, lo llamó: baja pronto porque hoy tengo que hospedarme en tu casa (v. 5).

En el llamado, los impedimentos quedan superados, para dar paso a la respuesta. ¿Qué impide a Zaqueo, despreciado por el pueblo, acercarse a Jesús y redimensionar su vida? ¿Qué impide a Jesús pasar por alto toda prescripción de pureza y hospedarse en casa de un pecador?: ¡Nada! La salvación que trae Jesús rompe con toda esclavitud.

Una vez que Zaqueo ha superado lo imposible, sucede algo impensable e inesperado para muchos: con la presencia de Jesús, Zaqueo se descubre a sí mismo y, en un proceso de conversión, va dejando todo aquello que no le permite ser libre y digno: Mira, Señor, voy a dar a los pobres la mitad de mis bienes, y si he defraudado a alguien, le restituiré cuatro veces más (v. 8). Deja de mirarse a sí mismo y comienza a ver la realidad, que también lo interpela.

Hoy ha llegado la salvación a esta casa, porque también él es hijo de Abraham, y el Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que se había perdido (vv. 9-10).

Zaqueo es el paradigma -dice Schökel- del que conociendo a Jesús, no sólo se despoja con prontitud de lo material, sino que permite que su interior también sea transformado por la gracia para comenzar el proyecto de la justicia […] (La Biblia de Nuestro Pueblo).

La transformación de Zaqueo simboliza la transformación de las estructuras, el paso de la corrupción a la justicia social. Ningún llamado del Señor se agota en la satisfacción personal de haber sido llamado, sino que aflora y se potencia hacia fuera, como envío, en la respuesta. Cualquier vocación desemboca en el compromiso.

ACTUAR

Hermanos: Oramos siempre por ustedes, para que Dios los haga dignos de la vocación a la que los ha llamado… (2Tes 1,11).

¿A qué nos ha llamado el Señor? El evangelio nos enfrenta a un peculiar reto: a no ubicarnos ahora en el papel de Zaqueo, sino en el de Jesús. ¿Cómo? Francisco de Asís, comprendiendo la profundidad del evangelio, pedía al Señor para sí algo muy especial: ¡Hazme un instrumento de tu paz!

Entre otras cosas, esta es la vocación a la que hemos sido llamados: levantar los ojos para encontrarnos con los Zaqueos de la sociedad, aquellos que buscan y desean conocer, escuchar y comprender una propuesta distinta, que cambie su corazón y se abra a la libertad. Estamos llamados a convertir los corazones para que nazca en ellos la necesidad de hacer justicia, y decir, convencidos, hoy ha llegado la paz a esta casa.