Alerta!

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Iniciamos el Adviento, tiempo de espera y de escucha, pero también de búsqueda, de conversión y de reencuentro. El reino de Dios ya está aquí y es necesario re-descubrirlo y re-encontrarnos con él.

El Adviento es el tiempo (4 semanas) que dedicamos a preparar la Navidad, el día en que se recuerda que Dios, en Jesús, se hizo presente en la historia. Preparar la Navidad es, ante todo, esperar la venida de Jesús para acogerlo en nuestras vidas. La Navidad se reproduce y se repite todos los días. Porque todos los días Jesús se hace presente en nuestra historia, en la vida de cada uno de nosotros, en lo que hacemos y en lo que dejamos de hacer. Jesús se hace presente en la bondad, en la amistad, en la sinceridad, en la honradez, en el bien que hacemos y en la felicidad que contagiamos a quienes se sienten mal, tristes y necesitados. Así entra Jesús en la historia de cada persona, y en la historia de la sociedad y de la Iglesia (-José M. Castillo).

Juzgar

El texto de Marcos inicia con una advertencia: “Velen y estén preparados, porque no saben cuándo llegará el momento” (v. 33). Velar y estar preparados… ¿para qué? Llegará el momento… ¿de qué?

Son dos cosas para tomar en cuenta al inicio de este tiempo de espera:

  • Lo primero que debemos asumir es, precisamente, una actitud de alerta (velar y estar preparado), necesaria hoy de frente a la realidad. Es indispensable para descubrir en los acontecimientos cotidianos los signos del reino que, de hecho, ya está entre nosotros.
  • Lo segundo, el “momento” que advierte Jesús (v. 33), puede ser cualquier instante de la vida, o del tiempo (al anochecer, a medianoche, al canto del gallo [el alba], o durante madrugada), en los que el Padre, como lo expresa Isaías (64, 4), sale al encuentro del hombre que práctica la justicia, o del que no la practica…

Estar alertas significa estar despiertos, y estarlo, es el modo de hacernos responsables de la vida que se nos ha encomendado (v.34). De lo contrario, el Señor puede llegar de repente y sorprendernos dormidos.

El Adviento nos prepara para recordar que “la Palabra se hizo hombre (carne) y habita entre nosotros” (Jn 1, 14), pero sobre todo, recordar que muchos hombres necesitan que esa esa Palabra encarnada les salga al encuentro y los levante de su letargo y del sueño irresponsable.

Actuar

El mundo de los pobres es clave para comprender la fe cristiana [...] El encuentro con los pobres nos ha hecho recobrar la verdad central del Evangelio con que la palabra de Dios nos urge a conversión. [...] Ahora sabemos mejor lo que significa la encarnación, que significa que Jesús tomó carne realmente humana y que se hizo solidario de sus hermanos en el sufrimiento, en los llantos y quejidos, en la entrega. Sabemos que no se trata de una encarnación universal, que es imposible, sino de una encarnación preferencial y parcial, una encarnación en el mundo de los pobres. (-Mons. Óscar Arnulfo Romero).