Si alguno viene donde mí y no me prefiere a su padre,

a su madre, a su mujer, a sus hijos, a sus hermanos y hermanas e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío “.

Ante la muchedumbre que lo acompaña hacia Jerusalén, Jesús precisa las condiciones para seguirlo, además de aprender de él un modo de vida.

La primera condición para ser discípulo es subordinarlo todo a Jesús, para construir una sociedad nueva. Les deja claro que la adhesión a su persona y a su proyecto será lo más importante en sus vidas. Tanto que en caso de duda, la adhesión a Jesús prevalece sobre todo vínculo familiar.

 La segunda condición es asumir que en plena misión habrá hostilidad de parte de la sociedad; porque la alternativa que propone el Reino no es bien vista ni por quienes ostentan el poder, ni por quienes pasan la vida sin esperanza.

La tercera condición es dejar de participar en la injusticia social que causa la acumulación de dinero. Desprenderse del apego y del uso del recurso económico.

Como podemos ver, el proyecto para seguir a Jesús no es nada atrayente. Es posible que un buen número de quienes lo estaban acompañando hacia Jerusalén entendieran lo que suponía darle su adhesión, pero la gran mayoría no entendía casi nada.

Me parece que Jesús, desde entonces como ahora, nos abre los ojos y la mente para repensar la posibilidad de nuestra participación en la vida social. Para nosotros, mejor que para aquellos que lo seguían, está claro que el mundo puede vivirse desde la alternativa del reinado de Jesús, porque ya conocimos su resurrección; pero en contraste, hemos de aceptar que nuestra adhesión a Él y a su Reino es pobre.

¿Qué nos falta para preferir a Jesús como nos lo pide hoy?

Parece que superar nuestro individualismo y pensar de manera más social; sustituir nuestro egoísmo para vivir la vida de la comunidad. Intentar el amor preferente de Jesús, para pasar de la convicción en su caudillismo a la experiencia profunda de su persona, y a la garantía de pregustar las realidades del reino.

Intentemos el amor preferente a Jesús; si no nos atrevemos, nunca sabremos a qué estuvimos llamados.

Oración:

Señor Jesús, hasta el día de hoy no había comprendido por qué eres tan exigente con quienes intentamos seguirte. ¿De qué te serviría una turba de personas que no entienden a fondo, no solo tu causa, sino tus deseos de amor más profundos? Al escuchar este Evangelio me ha venido una esperanza nueva. No solo pienso en una sociedad nueva y justa, producida por los criterios de tu reinado, sino en la relación íntima con tu persona, y de ahí en la vida nueva al interior de la comunidad del cielo. Creo que para esto exiges el todo de nuestro seguimiento. Ayúdame a vivir tus categorías en mi ambiente de trabajo y en la calle.

Permite que junto con los míos intentemos el amor preferente que nos pides. Hospédate de cuando en cuando en nuestro hogar, y enséñanos a no vivir de otra manera que no sea la comunidad, y a dar el salto a la comunidad que tienes con tu Padre y el Espíritu. Amén.