VER

Buenas noches, dije a mi hijo pequeño, 
cuando cansado se acostó, 
entonces me dijo con clara voz: 
papá, ¿de qué color es la piel de Dios?

¿De qué color es la piel de Dios? 
¿De qué color es la piel de Dios? 
Dije negra, amarilla, roja y blanca es,
todos son iguales a los ojos de Dios.

T.H. Stevenson.

En la primera estrofa y el estribillo de esta canción que, seguramente, muchos de nosotros escuchamos y cantamos cuando niños, hay evidentemente una pregunta y una afirmación como respuesta. Preguntar de qué color es la piel de Dios, equivale al planteamiento que subyace en la inquietud de filósofos, teólogos y hombres con ideas ambiciosas, de saber cómo es Dios.

Al parecer, Dios es un enigma, porque es un misterio; intentar definirlo, explicarlo, o describirlo, pasando por alto la Revelación que se comprende en el silencio, la escucha y la contemplación, se convierte en un riesgo que nos lleva por mucho e intrincados caminos, sin llegar a una solución satisfactoria.

A Dios se le encuentra en la vida, nos lo han dicho desde siempre, pero…, si la vida es difícil, adversa, cruel, injusta y complicada, ¿cómo obtener de ella una respuesta clara y convincente?

La piel de Dios es la piel del hombre, así se nos manifiesta. Cuando lo encontremos, en medio del caos y la confusión de nuestras culturas y sociedades, sabremos que ante él no hay diferencias, puesto que todos somos iguales a los ojos de Dios.

ILUMINAR

En la primavera de 2013 muchas paradas de autobuses y cabinas telefónicas de Brooklyn y Queens lucían unos carteles en los que se veía a un hombre vestido con una túnica larga de color claro, bajo la cual asomaban unas zapatillas de lona roja, con la frase: The original hipster. En la parte inferior del anuncio se leía: Todos los rostros, entendimiento diario. Era parte de la campaña Todos los rostros, promovida por la diócesis católica de Brooklyn, que tenía como fin atraer a los no creyentes a la Iglesia. La campaña se realizó en tres idiomas: inglés, español y chino…”, (Francisco Varo. 2015. La Biblia para hipsters, p. 433).

¿De qué otra manera podemos comprender la Epifanía, o manifestación de Dios, más allá de la escena donde tres sabios de oriente, guiados por una estrella, encuentran a Jesús niño, con su madre y su padre? (Mt 2,9-11).

Lo primero, es no perder de vista que tal manifestación nos revela a un Dios hecho hombre, humanado, encarnado y recubierto de piel humana (negra, amarilla, roja, blanca…). Así, evitaremos superar la tentación, sobre todo teológica, de deshumanizar la humanidad de Dios, o divinizar en exceso su divinidad… “Pastores y sabios encontraron, como señal, a un niño envuelto en pañales y recostado sobre un pesebre, vulnerable, débil, dependiente…” (Lc 2,12).

Lo segundo, lo más novedoso y definitivo, es que, desde esa vulnerabilidad, Dios se da a conocer a los excluidos (pastores) y a los extranjeros, paganos y advenedizos de otras naciones, representados en los sabios de oriente que buscaban la verdad siguiendo una estrella que los había seducido. Esto nos da a entender que Dios no se ciñe a ningún concepto preconcebido de divinidad (judío o católico), sino que su presencia entre nosotros, con su propuesta, rompe paradigmas y está marcada por la apertura y la universalidad.

La visión profética de Isaías contempla una realidad inherente a la Epifanía: “Caminarán los pueblos a tu luz y los reyes, al resplandor de tu aurora…; todos se reúnen y vienen a ti (60,3-4). Y Pablo, en su carta a los efesios, lo plasma de manera contundente: “la gracia de Dios, confiada a todos” (cf. 3,2), “por el evangelio, también los paganos son coherederos de la misma herencia, miembros del mismo cuerpo y partícipes de la misma promesa en Jesucristo” (3,6).

Podemos decir, entonces, que la Epifanía del Señor no sólo nos revela quién es Dios, sino que nos ayuda a comprender qué somos nosotros ante él: “Ya no se distinguen judío y griego, esclavo y libre, hombre y mujer, porque todos ustedes son uno en Cristo Jesús” (Gal 3,28).

ACTUAR:

  • Entendimiento para todos los días, para toda la vida (Everyday undesrtanding): ¡Todos los rostros! Porque todos somos iguales a los ojos de Dios…
  • Una estrella: dejarse seducir y seducir…

“Y podríamos preguntarnos todavía, ¿por qué, de entre los que miraban al cielo, muchos no siguieron esa estrella, «su estrella» (Mt 2, 2)? Quizás porque no era una estrella llamativa, que brillaba más que otras. El Evangelio dice que era una estrella que los Magos vieron «salir» (vv. 2.9). La estrella de Jesús no ciega, no aturde, sino que invita suavemente. Podemos preguntarnos qué estrella seguimos en la vida. Hay estrellas deslumbrantes, que despiertan emociones fuertes, pero que no orientan en el camino. Esto es lo que sucede con el éxito, el dinero, la carrera, los honores, los placeres buscados como finalidad en la vida. Son meteoritos: brillan un momento, pero pronto se estrellan y su brillo se desvanece. Son estrellas fugaces que, en vez de orientar, despistan. En cambio, la estrella del Señor no siempre es deslumbrante, pero está siempre presente; es mansa; te lleva de la mano en la vida, te acompaña. No promete recompensas materiales, pero garantiza la paz y da, como a los Magos, una «inmensa alegría»” (Mt 2,10).

Papa Francisco, homilía enero 6 de 2018.