La mejor inversión…

Miércoles 17° Ordinario / Mateo 13, 44-46

~ Lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene y compra el campo ~

El Reino de los Cielos se descubre y luego se elige como único y definitivo proyecto en el cual se ha de gastar la vida.

En el mundo actual, atraído hacia los medios de producción y la economía global de bolsa y de mercado, las categorías del tesoro y de la inversión son muy cercanas. Una gran parte de la población humana no piensa en otra cosa que generar seguridades de tipo material y conquistar peldaños de posicionamiento en la lucha de mercados. Sin embargo, más allá de estas necesidades, encontramos las aspiraciones realmente profundas de nuestra persona: trascender en el mundo, ser universales, alcanzar la perfección personal; y, por supuesto, gozar de los trascendentales: la verdad, la bondad y la belleza.

Parece que hoy día muchos viven sin ilusiones; incluso creyentes que han bajado la guardia en la lucha por construir las realidades del Reino. Unos y otros pasan la vida de manera aburrida, estable y con un porvenir medianamente asegurado. Pero en un cierto punto de su existencia, se descubren insatisfechos e incompletos. Para ellos y para todos, conviene asumir que el Reino de Jesús exige un compromiso total, y que no se lo vive con sufrimiento ni con un esfuerzo ascético, sino por la alegría de haber descubierto un valor insospechado e incomparable.

¿Cómo nos descubrimos hoy? ¿Somos inversionistas y buenos comerciantes? Aquí aparece la mejor inversión ante nuestros ojos. Solo nos falta invertir en las realidades del Reino como único y definitivo proyecto; y gastar en él lo que nos resta de vida.

Oración:

Señor Jesús, perdón, porque nos da miedo apostar a tu proyecto.

Permítenos invertir nuestras vidas en tu Reino, y salir así de la desilusión, la tristeza y la desesperanza en la que a veces nos mete el mundo. Amén.