La mejor paga…

Miércoles 20° Ordinario / Mateo 20, 1-16

 

~ ¿No nos ajustamos en un denario? ~

Dios es bueno. Es la afirmación fundamental de esta parábola, el amor gratuito y misericordioso de Dios, que supera la justicia humana sin lesionarla.

En las imágenes de este Evangelio tenemos “la viña”, que es imagen del pueblo de Dios, antes Israel (Is 5,7; Sal 80,9s. 15s), y que ahora es la comunidad de Jesús. Los jornaleros que el dueño de la viña ––o sea, Dios–– contrató al amanecer son el pueblo y los dirigentes judíos. Los jornaleros que fue contratando a lo largo del día representan la historia general del pueblo de Israel. Los últimos, por más de dos mil años, estamos siendo contratados. Unos y otros recibiremos el mismo salario, porque en la justicia divina, la cantidad o calidad de trabajo-servicio, la antigüedad, el rango y el mayor rendimiento no generan ningún privilegio o mérito, más que la satisfacción de haber sido convocados a un trabajo así de importante. Quienes somos contratados para trabajar en la “viña del Señor” estamos llamados a crear igualdad y a constatar que Dios es bueno.

En este Evangelio podemos comprender la diferencia entre la justicia humana y la divina. Aparece con toda claridad la delicada relación que existe entre justicia y misericordia. El punto de toque es el siguiente: que los primeros jornaleros consideran una injusticia la generosidad de Dios. Como vemos, en la justicia humana se antoja injusto que ganen lo mismo quienes han trabajado menos; sin embargo, desde la justicia divina, Dios da a cada uno lo suyo y, además, regala su misericordia y su perdón.

Oración:

Señor Jesús, que en familia vivamos la gran aventura de trabajar nuestra jornada con valentía, libertad y amor. Y que al final del día, nos sentemos a la sombra y recibamos la mejor paga, que es ver tu rostro iluminado y misericordioso. Amén.