La gran mayoría de los mexicanos celebramos cada año el Día de Muertos. Gracias a nuestra fe y a nuestra religiosidad popular, el uno y dos de noviembre somos capaces de entrar en el terreno de lo imaginario, pero también entramos en el misterio de Dios.

Y aquí está lo mejor, que mientras algunos viven la tradición de los altares de muertos y el adorno de cementerios con sentido cultural, muchos otros, desde la madurez de su fe, van un paso adelante, comunicándose con sus difuntos a través de la Eucaristía y de las oraciones de sufragio.

Los primeros se asoman al más allá desde la imagen, el canto y el recuerdo; los más maduros en la fe, experimentamos a nuestros hermanos difuntos de forma sacramental. Pero ¿Cómo sucede esto?

Enseguida te presento tres realidades que quizás no sabías sobre el Día de Muertos:

  • Nuestros nombres y los de nuestros hermanos difuntos están escritos en los cielos —Lc 10,20—, Jesús lo dijo un día a sus apóstoles. Pero se extiende a todos los que fuimos bautizados. Esto significa que nuestras acciones cuentan para Dios.
  • Cuando recordamos los nombres de nuestros familiares y amigos difuntos en la oración y en la Eucaristía, nos presentamos ante Dios, en forma real. Es decir, nos comunicamos en verdad con Dios y Él toma en cuenta nuestra oración.

Por decirlo así, la vestidura blanca que recibieron nuestros difuntos en el bautismo, ahora que murieron, se puede purificar de toda impureza y de toda mancha, gracias al sacrificio eucarístico y a las demás oraciones en su favor que nosotros, la comunidad creyente, hacemos por ellos. Por eso es tan importante orar y ofrecer la misa por nuestros difuntos.

  • La vida eterna consiste en conocer al Padre de Jesús, y Padre nuestro —Jn 17,3. Entonces, si conocemos a Jesús, conocemos al Padre, y gracias a esta experiencia de conocimiento en el amor, entramos en comunión real con el origen mismo de la vida, de la luz y del amor.

Podemos decir que nuestros difuntos, si ya se han purificado, están en el cielo y contemplan a Dios Padre cara a cara, a Jesús glorificado y al Espíritu entre ambos—Jn 17,24—.

Al celebrar el Día de Muertos este año, tengamos presente que gracias a que nuestros nombres también se están escribiendo en el cielo, ya desde aquí, desde la vida temporal, entramos en comunión con los santos y con nuestros difuntos. Esto significa ir más allá de la tradición imaginativa y cultural, para entrar en el misterio mismo de Dios.

¡Feliz Día de Muertos!