Los corderos en medio de lobos que está enviando Jesús son designados ante el fracaso de los doce (9,40.51-56). Este nuevo grupo de mensajeros que crea está compuesto por unos setenta y dos, y ninguno de ellos es de origen judío, sino samaritano. Así, Jesús abre la puerta hacia el paganismo, en una misión universal.

Pero… ¿por qué la insistencia en enviarlos desprovistos? Porque han de ir abiertos a lo nuevo, con estilo itinerante y desinstalado, sosteniéndose en la pobreza y la gratuidad. Parece que, aun estando rodeados de lobos, siendo corderos pueden vencer en la misión mejor que si fueran con actitud de lobo, porque el pastor no está con él.

Consideremos que el contenido esencial del anuncio es el reino de Dios y su paz. El poder, la fuerza y la violencia no sirven para extender el reino de Dios; lo que sirve es el don de uno mismo, y el amor incluso a los violentos y enemigos. Recordemos que Jesús no venció con la fuerza de las armas; lo hizo con la de la cruz.

Pensemos en la inserción de nuestras personas en los diferentes ambientes en que nos movemos. De eso se trata la misión: de que quienes nos reciben, sientan la transparencia y bondad de nuestro anuncio. Si nos fijamos en el Evangelio, Jesús envía adonde Él mismo piensa ir. Esta certeza es suficiente para que los enviados nos esforcemos en no defraudarlo.

¿Qué tan corderos somos al insertarnos en la vida cotidiana de los demás? ¿Qué tan abiertos o universales como para amarlos y servirlos desde las condiciones en que se encuentran? ¿A quiénes me siento enviado?

Parece que la categoría de “corderos” da mucho más que la de lobos, no solo para la misión; también para nuestro estilo cotidiano de vida.

Vayamos en la vida espiritual y cotidiana, no como gente acomodada, sino itinerante, con mentalidad abierta. Seguro que gozaremos el envío como nuestros mejores días.

Oración:

Señor Jesús, me reconozco lobo, sobre todo con quienes no coincido en cultura, pensamiento y actitud. Al escuchar tu palabra, siento deseos de ser libre, igual que esos setenta y dos. Deseo el tiempo, la emoción, alegría y candor con que ellos predicaron. Ayúdame a ser más cordero que lobo, más libre y universal que condicionado y acomodado.

Permite que en casa, junto con los míos, conformemos un buen grupo de seguidores, cada vez más dispuestos a ir adonde nos mandes; que no intentemos poner nuestras condiciones y visiones reductivas sobre la vida, el mundo, los seres humanos y tú mismo, sino el escueto y hermoso mensaje del reino y de tu paz. Amén.