Un vistazo a: Rut. Una espiritualidad solidaria

La historia de Rut es una joya de la narrativa hebrea. En su aparente sencillez, este relato atesora semillas vitales para comprender la profunda belleza del amor y la fidelidad radical. En tiempos de muros y refugiados, hoy vale la pena reemprender aquel viaje de Moab a Belén. El hambre y la incertidumbre de la migración adquieren un nuevo sentido a la luz de toda la creatividad y fortaleza que nace de una mujer que supo decir: “A donde tú vayas, yo iré…”.

Espiga a espiga, este nuevo libro de Buena Prensa reconstruye la figura de un personaje clave para entender el talante esperanzador que posee el carácter femenino en la Biblia. Con estudios de teología y filosofía, Ana Laura Castillo -la autora- es especialista en el papel que juega la mujer en las Sagradas Escrituras y en la Iglesia. A vista aérea, Cónclave presenta un asomo a 'Rut: Una espiritualidad solidaria'.

Capítulo II. La vocación de Rut

La vocación es una tarea e incluye la misión que el hombre asume como propia; es el resultado de una llamada y una respuesta. En lo profundo de la persona, existe una moción o pulsión naturales que mueven la existencia y la empujan hacia un modo de ver y vivir en el mundo. Toda vocación es para el bien de la humanidad y exige una apertura a los demás, quienes ayudan a la persona a distinguir su llamada específica: “A cada cual se le otorga la manifestación del Espíritu para provecho común” (1 Cor 12, 7). Dios se vale de numerosos recursos para expresarse, actuar y revelarse. Dios es el Señor de Israel y de todos los pueblos, es absolutamente libre para llamar a una mujer o a un hombre como quiere y cuando quiera. En el caso del libro de Rut, Dios llama y se revela por medio de personas que sirven de mediadores para sus proyectos. En la decisión de Rut, de permanecer al lado de Noemí, de compartir su soledad y su desgracia, Dios revela su presencia. Esta presencia divina cuestiona las limitaciones humanas, que adquieren en la vida diaria rostros muy concretos. Todas las realidades humanas son objeto de una espiritualidad porque son un lugar de encuentro con Dios. Él se manifiesta en la acción fraterna de Rut, quien se solidariza con su suegra y con el pueblo de Israel, pues asume la identidad y la experiencia religiosa de un pueblo extranjero para ella.