Ustedes son la sal de la tierra. Mas si la sal se desvirtúa, ¿con qué se la salará? Ya no sirve para nada más que para ser tirada afuera y pisoteada por los hombres. Ustedes son la luz del mundo. No puede ocultarse una ciudad situada en la cima de un monte. Ni tampoco se enciende una lámpara y la ponen debajo del celemín, sino sobre el candelero, para que alumbre a todos los que están en la casa. Brille así su luz delante de los hombres, para que vean sus buenas obras y glorifiquen a su Padre que está en los cielos”.

Después de las bienaventuranzas, encontramos esta precisión de Jesús: “ser sal y luz”, que lleva la exigencia de Jesús para quienes lo seguimos, de no sucumbir ante las insidias del mundo y ante la persecución. La sal es principio de incorruptibilidad, símbolo de permanencia y pureza. Y la luz es la posibilidad de que las buenas obras, además de ser vistas, convenzan con su verdad y muestren su origen en Dios.

Las personas de nuestro tiempo, necesitan cada vez más de este principio de incorruptibilidad: la sal, que significa también sabiduría de la vida, y que consiste en conocer y cumplir la voluntad de Dios, por medio de su ley de amor. Si lo pensamos bien, el mundo necesita de esta sal nuestra, de esta sabiduría que le da sentido a cuanto hacemos, vivimos y esperamos. Y como podemos ver, ser sal no nos lleva a realizar cosas a parte de la vida cotidiana ni siquiera llamativas; por el contrario, la vida de quienes queremos ser sal para el mundo, es discreta, se vive como una experiencia interior y fecunda para el servicio de los demás, igual que como la sal da sabor y consistencia a los alimentos, sin que se vea como ingrediente. Un seguidor de Jesús da alegría, sentido y seguridad a nuestras sociedades, sin que se note.

La sal y la luz, en este evangelio, son sinónimos de la verdad de Dios y de nuestra fidelidad a Él. Si lo intentamos, gozaremos de no diluirnos en las ideologías del mundo, de no proceder con palabrerías, ni siquiera con las mismas prácticas piadosas, sino con obras que traslucen la verdad, la vida y el amor de Dios. A esto se refiere Jesús cuando se refiere a las obras con las que glorificamos a Dios.

¿Alguna vez, he estado en riesgo de corromperme con las ideologías del mundo? ¿Me he corrompido?

La Buena Noticia de hoy es esta: que llevamos en nuestra identidad cristiana, este principio de incorruptibilidad y de verdad que Jesús nos ha dado.

¡Vivamos de acuerdo a nuestros principios!

Oración:

Señor Jesús, yo quiero mantenerme incorrupto, libre y veraz para cuantos de mis hermanos voy encontrando en mi vida. Me goza imaginar que puedo hacer visible tu ley de amor, y ser testimonio para quienes vacilan. Permite que en casa, junto con los míos, vivamos siempre bajo la experiencia de tu verdad que nos ilumina y mostremos a nuestros seres queridos y los demás, las buenas obras que nos permites realizar. Amén.