Paguemos el precio

Santa Rosa de Lima / Mt 13, 44-46

 

En el reinado de Jesús, estamos llamados a ser grandes. El compromiso total que exige el reino no nos lleva a realizar grandes sacrificios o a vivir pobremente, sino a vivir una alegría inmensa. La alegría de haber descubierto un valor insospechado, algo incomparable, un valor que no volverá a aparecer.

En el contexto de nuestra sociedad actual, muchos tienen miedo a ser grandes en el ejercicio de su profesión. Y muchos otros, tienen miedo a ser grandes en el ejercicio de su fe. El tesoro que buscamos no está en la superficie, se requiere un trabajo cuidadoso, a veces de años, para encontrarlo, saberlo valorar y pagar el precio por él. Implica un discernimiento. Implica la conciencia de que la sabiduría que requerimos para llegar a ser grandes en el reino, viene de Dios.

Este tesoro que Jesús propone en la parábola, tiene una carga psicológica profunda. Todos buscamos algo que no tenga fondo, algo que no se acabe, algo que consolide nuestras ansias de plenitud. Lo más grande. A veces parece que nuestra vida transcurre en un estar frente al tesoro que anhelamos y no lo vemos. Como si el tesoro también estuviera en nuestra búsqueda, en espera de que lo hagamos brillar.

Santa Rosa de Lima pagó el precio del tesoro más grande. Vivió centrada en la oración, las mortificaciones y el servicio a los pobres, indígenas, mestizos y enfermos. Y esto le valió su desposorio con Jesús cuando el Domingo de Ramos de 1617, unos meses antes de morir, escuchó de labios de Jesús: “Rosa de Mi corazón, Yo te quiero por Esposa”, y ella respondió imitando a María: “Aquí tienes Señor a tu humilde esclava. Tuya soy y Tuya seré”  

Oración:

Señor Jesús, ayúdanos a ser grandes en tu Reino, que en familia sepamos pagar el precio de cada día construir tu Iglesia, en el servicio mutuo, en la caridad y en la oración. Amén.