Cómo responder a las preguntas más difíciles de los niños, sin perder la paciencia

Los niños sienten curiosidad por todo, tanto por cosas muy simples como por asuntos más profundos como la misma muerte. De esta manera, muchos adultos –principalmente si son padres– no se libran de esta “batalla” cotidiana, cuando los pequeños comienzan a hacer preguntas a los mayores esperando que éstos lo sepan todo, con un alto nivel de exigencia en la calidad y en la inmediatez de cada respuesta.

Como bien lo dijo Jean-Paul Sartre, “el niño hace preguntas verdaderas”, las cuales, casi siempre, los adultos no sabemos cómo responder. “¿Qué es un amigo?”, “¿los sueños son reales?”, “¿por qué se hace de noche?”, “¿por qué llueve?”, “¿por qué morimos?” ... y así hasta las 76 preguntas de media que se ha calculado que puede hacer, por hora, un niño en edad preescolar, de acuerdo con un estudio de la Society for Research in Child Development, en Estados Unidos.

Sin embargo, es importante no perder de vista que todos fuimos niños alguna vez y que todos en algún momento planteamos esa clase de preguntas a nuestros padres o maestros. Por tal motivo, ayudar a los niños a encontrar el sentido de su vida, favorece que sean personas adultas satisfechas y completas.

Preguntar es su manera de aprender

Varios expertos señalan que, aunque en un momento dado los padres pueden sentirse abrumados por tantas preguntas, en realidad deben asumirlo como algo bueno. Preguntar es una de las capacidades cognitivas más importantes, pues significa que los niños están elaborando y que empiezan a tener capacidad de abstracción. Las personas aprendemos interpelando y la humanidad ha llegado hasta donde se encuentra, precisamente porque a lo largo de la historia, hombres y mujeres se han hecho preguntas.

Teniendo esto en cuenta, lo más importante que podemos hacer como adultos es ser empáticos cuando los pequeños comiencen a preguntar y pensar que ésta es su manera de ampliar sus conocimientos, de conocer el mundo que les rodea y de acercarse más a nosotros.

Las múltiples preguntas que formulan los niños también sirven para ensayar las entonaciones del lenguaje y las pautas de la conversación. Y también, gracias a ellas, logran que se les dedique un momento exclusivo de atención, aspecto que a muchos niños les encanta y les hace sentirse queridos y felices.

He aquí algunos tips para responder a las preguntas sobre el sentido de la vida que formulan la mayoría de los niños:

•Escucha con atención las inquietudes, las dudas o los miedos que los niños plantean.

•No ridiculices sus preguntas, por mucho que te sorprendan o te tomen por sorpresa.

•Háblales con naturalidad sobre lo que les preocupa.

•Si no sabes qué responder, di “no lo sé” sin miedo. Es preferible esto a decir mentiras o cosas sin sentido.

•Anímalos a pensar y a reflexionar con el objetivo de que saquen sus propias conclusiones para posteriormente dialogar y debatir sobre ellas.

Hay tantas formas de ser feliz y de dar sentido a la vida como personas existen en el mundo. Recuerda, cada individuo tiene una manera diferente de pensar y de interpretar el mundo y de vivir en él. Si cada persona adulta tiene su propio sentido de la vida, ¿por qué no dejar a los niños que encuentren el suyo?