¿Qué es Adviento?

Con el Adviento comienza el nuevo Año litúrgico (2020), y el calendario se regirá por el Ciclo A, animado, cada domingo, por los textos del Evangelio de Mateo.

Es un tiempo de preparación para celebrar la Navidad, dividido en cuatro domingos de reflexión, interiorización y revisión de la vida.

Podemos decir que es un tiempo de llamadas y alertas: llamados a la conversión y a estar atentos (alertas) de lo que está por venir.

El símbolo representativo de este tiempo es la Corona de Adviento. Su forma circular nos habla de un camino que se abre y se recorre a lo largo de cuatro semanas, al llegar al final, (4º domingo), se abre ante nosotros un nuevo camino: la Navidad.

¿Qué nos dice el Adviento?

El mensaje del Adviento está plasmado en los cuatro textos de Mateo, uno para cada domingo:

  • Domingo primero: Velen y estén preparados (Mt 24,42.44).
  • Domingo segundo: Conviértanse. Preparen el camino del Señor… (Mt 3,2-3).
  • Domingo tercero: ¿Eres tú el que ha de venir? (Mt 11,3).
  • Domingo cuarto: Cristo vino al mundo de la siguiente manera… (Mt 1,18).

Pensando en el símbolo del camino, podemos recorrerlo de la siguiente manera:

  • Estar atentos a lo que viene y preparados para ello.
  • Cambiar nuestro modo de vivir y comenzar a arreglar los caminos.
  • Reconocer al Señor cuando nos encontremos con él.
  • Recibirlo y acogerlo en la vida.

Una vez que esto sucede, entramos al tiempo de Navidad.

El Adviento hoy

La mercadotecnia y el comercio siempre se adelantan a los acontecimientos y a los tiempos, tanto, que mucho antes de que comience el adviento, nosotros ya podemos comprar y consumir cosas, regalos y mil objetos navideños. Así, sólo nos preparamos para una gran fiesta, pero no para el gran acontecimiento.

De hecho, en la vida de mucha gente, el tiempo de adviento pasa desapercibido y, por tanto, a la Navidad se llega sin ninguna preparación. Sólo se esperan las vacaciones, los festejos y los regalos.

¿A qué estamos invitados hoy?

A ver más allá de lo ordinario, caer en cuenta de que, a diario, algo sucede, o está por venir; para ello, es indispensable estar preparados, atentos, dispuestos. El mundo se desmorona, el tejido social se deshila y todo pierde sentido; la violencia nos sobrepasa y nos somete; nos angustian la corrupción, la pobreza, el hambre, el desempleo, las injusticias… En todo eso algo, seguramente, nos toca hacer: cambiar nuestros modelos de vida, de consumo y de relaciones; arreglar los caminos de la justicia, de la felicidad, de la libertad, del respeto, para que cualquiera pueda transitar por ellos con seguridad. Reconocer al Señor en la dignidad del hermano y acogerlo con el mismo gusto que María, José y los pastores recibieron a Jesús niño, confiando de que en él latía la promesa de una vida nueva.