Que se nos note el traje…

Jueves 20° Ordinario / Mateo 22, 1-14

 

~ Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin traje de boda? ~

Con las parábolas del Reino, Jesús responde a la actitud de los sumos sacerdotes y fariseos, que se han adueñado de Dios y de la religión; en la anterior parábola, la de los jornaleros en la viña, los primeros contratados eran el pueblo y los dirigentes judíos con toda su maquinaria de religión; en el presente Evangelio, los primeros invitados a la boda son los mismos que, como de ordinario, se encuentran ocupados en una religión complicada y, además de rechazar la invitación de Dios, han sido hostiles hasta el asesinato.

Los nuevos invitados a la boda representan al nuevo pueblo de Dios; pueden venir del mundo no judío, buenos y malos (13,47s), y de igual manera estamos incluidos nosotros. Pero no  porque la invitación sea gratuita y la hayamos aceptado ––es decir, hayamos recibido la fe–– hemos de pensar que podemos entrar en la boda definitiva del Hijo de Dios sin vestir el traje de fiesta. Reflexionemos: ¿qué es ese vestido de bodas? San Gregoria Magno dice que es la caridad. Él explica, al interpretar este Evangelio, que el comensal que ha llegado al banquete tiene la fe que le abrió la puerta de la sala, pero le falta algo esencial: el vestido de bodas, que es la caridad. Portar el vestido de bodas implica custodiar la gracia de la Caridad.

Pongámonos el vestido de bodas que se parezca al del novio. En otras palabras, seamos fieles a Jesús y a su proyecto de amar a nuestros prójimos con el amor de Dios.

Oración:

Señor Jesús, haz que se nos note el traje de bodas, ayúdanos a entender cómo se vive la caridad. Y que nuestra familia quepa en tu banquete; que vivamos de la alegría de amar como tú amas. Amén.