Que sea el Espíritu quien nos guíe

Martes 18° Ordinario / Mt 15, 1-2. 10-14

 

~ Si un ciego guía a otro ciego, los dos caerán en el mismo hoyo ~

Interpretar la Sagrada Escritura siempre ha de ser algo nuevo y luminoso para cada momento en la historia de la salvación. Sin embargo vemos que los fariseos y letrados se habían cerrado a esa novedad, al soplo del Espíritu; pretendían que su tradición, recibida de Moisés —de origen mítico—, continuara a ser la única y auténtica interpretación de la Escritura y de la religión. Y de igual forma su tradición de lo puro y lo impuro.

A Jesús y a sus discípulos se les siente libres de las ataduras de la tradición. Tienen claro que lo impuro no le entra al hombre por la boca sino que le sale de ella. Pues no hace impuro el contacto con objetos o personas, sino la disposición interior con que se juzga y condena a los demás. Además, ha quedado en evidencia que el ritualismo y piedad fariseas, centradas en la observancia de la Ley, ya no era cosa de Dios sino de ellos, los guías ciegos.

Es probable que hoy también, como en aquél tiempo, algunos intentemos una religión ritualista vaciada del espíritu con que Jesús la dotó. De ser así, de no estar abiertos a las mociones del Espíritu de Jesús, intentemos un cambio. Preguntémonos: ¿Con qué libertad estamos viviendo nuestra religión? ¿Cómo vamos aprendiendo a descubrir el espíritu de la Ley de Dios y su libertad para amarnos y servirnos?

Que nuestro guía sea el Espíritu de Dios, el Espíritu de Jesús.

 

Oración:

Señor Jesús, se tú nuestro guía. Que te veamos en el rostro de nuestros pastores. Permite que en nuestra familia superemos toda forma de fanatismo y religiosidad sin compromiso. Y que distingamos entre nuestros guías, tu guía viva y pacificadora. Amén.