El padre y la madre son personas que tienen la misión importante de lograr que sus hijos desarrollen exitosamente sus habilidades personales y sociales. Para ello es indispensable que estén presentes, tanto física como emocional- mente, en la vida de sus pequeños. A propósito del Día de la Madre y del Padre, nuestro colaborador, el padre Sergio Guzmán, nos hace estas dos recomendaciones cinematográficas.

Valiente (Estados Unidos-Reino Unido, 2012, 93 min.)

La película cuenta la historia de la princesa Mérida y su madre convertida en oso por un hechizo en parte provocado por su propia hija. En el bosque, como en los cuentos de hadas, Mérida y su madre comienzan a conciliar su relación, y juntas, ven la manera de revertir el hechizo y regresar al castillo. En familia podemos detenernos a comentar y reflexionar algunas escenas que nos hablan de esta relación madre-hija: como cuando mamá prepara la mesa para su hija y Mérida busca comida, cuando Mérida enfrenta a los cazadores para defender a su madre o en aquella escena donde Mérida recuerda el abrazo de mamá y sus palabras cuando la asusta un trueno: “Mi pequeña Valiente, mamá está aquí... y siempre va a estar aquí”. Cómo no conmovernos y emocionarnos cuando Mérida le dice a su mamá: “Siempre me has dado tu apoyo. Nunca me has dado la espalda... Te quiero de vuelta mami”. Valiente, una bella película para ver este 10 de mayo.

De tal padre, tal hijo (Japón, 2013, 121 min.)

“Ryoata, un arquitecto obsesionado con el éxito profesional, vive felizmente con su esposa y su hijo de seis años. Pero su mundo se viene abajo cuando los responsables del hospital donde nació su hijo le comunican que, debido a una confusión, el niño fue cambiado por otro” (FILMAFFINITY). He aquí el dilema que enfrentan los padres: intercambiarse los niños, como aconsejan desde el hospital, o quedarse con el niño que han criado durante seis años. Ganadora del Premio del Jurado en el Festival de Cannes y el Premio del Público en San Sebastián, esta bella película, con una mezcla de sensibilidad y humor irónico, nos puede ayudar a reflexionar sobre lo que significa ser padre en una sociedad obsesionada con la productividad y el consumo. La traducción textual del título en japonés es más sugerente y parece una confesión de Ryoata: “y me convertí en padre”.