Por mucho tiempo, el Día del Amor y la Amistad se ha establecido como una fecha que fomenta el respeto y la solidaridad hacia nuestros seres queridos, aunque siempre habrá una tendencia más enfocada a fines comerciales, dejando de lado la esencia de esta celebración.

No obstante, el amor seguirá prevaleciendo como un sentimiento supremo. Y es que el acto de amar no sólo es un asunto de afinidad entre dos personas, el amor va más allá: es sentir respeto y libertad, tanto por uno mismo, como por nuestro prójimo, tal y como Jesús lo ordenó a sus discípulos en uno de sus mandamientos finales: “Que os améis unos a otros, como yo os he amado”.

Existimos para amar y ser amados, sin importar nuestro estado civil, nivel cultural o educativo, pues el amor no se trata de un regalo reservado para unos pocos: todos somos capaces de sentirlo y casi siempre, esperamos que otros puedan sentirlo por nosotros. Cuando esto ocurre, por lo general, no podemos describir lo que sentimos, sólo sabemos que somos felices y que de ese estado no quisiéramos salir jamás.

Sin embargo, para amar de esa manera, debe haber un cambio en nuestro corazón, tal como Jesús nos enseñó y que es algo que nos identifica y nos afirma ante él como sus hijos. “En esto conocerán todos que son mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros”, agregó Cristo en su mandamiento. Así, el amor es una decisión, y bajo este contexto, es un compromiso que cada uno de nosotros asume al amar a alguien, sin condiciones, tal y como Jesús lo hace con nosotros.

Debemos saber que Dios nos ama genuinamente y hay que corresponder de la misma manera con nuestros actos y pensamientos para experimentar un amor mutuo. De esta forma, el amor es capaz de perseguir el bien propio y ajeno desde distintos ámbitos: el amor a nuestra familia, a nuestros amigos o a nuestra pareja, lo que le otorga un significado maravilloso, pues amar es para siempre.

Cada uno de nosotros, tal como somos, tenemos derecho a ser amados. El amor crece en nuestro ser y podemos tomar la decisión de dirigirlo a toda persona y circunstancia, porque cuando lo cultivamos en nuestro interior, siempre lo tendremos a nuestro alcance y este amor universal llegará a todos.