En aquel tiempo dijo Jesús a Pedro: Sígueme. Pedro entonces, volviéndose, vio que los seguía el discípulo a quien Jesús tanto quería, el mismo que en la cena se había recostado en su pecho y le había dicho: Señor, ¿quién es el que te va a entregar? Al verlo, Pedro dice a Jesús: Señor, y éste, ¿qué? Jesús le respondió: Si quiero que se quede hasta que yo venga, ¿qué te importa? Tú, sígueme. Corrió, pues, entre los hermanos la voz de que este discípulo no moriría. Pero Jesús no había dicho a Pedro: No morirá, sino: Si quiero que se quede hasta que yo venga. Este es el discípulo que da testimonio de estas cosas y que las ha escrito, y nosotros sabemos que su testimonio es verdadero. Hay además otras muchas cosas que hizo Jesús. Si se escribieran una por una, pienso que ni todo el mundo bastaría para contener los libros que se escribieran”.

Pedro recibe la invitación de Jesús: “Sígueme”, no como un borrón y cuenta nueva, sino como una nueva e interminable aventura. Jesús resucitado, lo vuelve a llamar como cuando empezó su ministerio, igual que cuando invitó a Felipe, al principio del Evangelio. Lo que encontramos aquí es la frescura de la invitación de Jesús, una invitación siempre nueva, brillante y atrayente.

Pedro se vuelve, para comenzar su seguimiento. Quizás está eufórico, con una alegría única, y al ver a Juan, que nunca dejó de seguir a Jesús, quiere saber si contará con él, en lo que sigue de su misión, como imagen de fidelidad, para no desviarse. Jesús le hace entender que no importa lo que pase con cada uno de los suyos; quienes siguen a Jesús hacen su propia ruta, sí desde la comunidad, pero en relación íntima con Él. No hay más modelo que Jesús, ni más camino que el suyo. Por eso le hace sentir esta exigencia: “Tu sígueme a mí”.

Nosotros hoy, podemos dar un paso semejante, si venimos de haberle fallado a Dios, aquí está la puerta: escuchemos la frescura y la novedad del llamado que Jesús nos hace; como si fuera la primera vez. Asomémonos al horizonte del nuevo camino que nos propone. Es un camino personal donde lo único que debemos ver es su persona y su ofrecimiento de vida y de amor.

¿Cuánto tiempo tiene que no me siento llamado? ¿Cuánto tiempo que no experimentamos la atracción inmensa de iniciar un aventura que engloba toda nuestra vida y nuestra persona? ¡Dejémonos conquistar por Jesús, el crucificado resucitado, que vuelve para empatar nuestros caminos!

Si lo aceptamos, veremos muy pronto que para seguir a Jesús, hay que volver a salir de nuestra voluntad cerrada en nosotros mismos; y de nuestra idea de autorrealización, para sumergirnos en el universo inagotable de su voluntad y de su amor.

Oración:

Señor Jesús, aunque en días como hoy, me da miedo abandonar mis seguridades y mis proyectos de vida, deseo que me seduzcas con tu propuesta de seguimiento. Estoy convencido de que solo tú puedes colmar mis ansias de universalidad y de eternidad. Si me llamas, elígeme y si me eliges, conságrame y si me consagras, sálvame. Permite que los míos y yo, seamos discípulos bien dispuestos. Abre nuestra imaginación y nuestra visión de futuro, a la vida fascinante que nos ofreces. Amén.