Dios respeta la libertad de quien viendo el signo, lo malinterpreta. Si Jesús acaba de realizar el milagro de expulsar a un demonio, ¿cómo le piden otra señal? Jesús los remite a comprender la división en la que se encuentran. No hay más endemoniado que aquel que no quiere ver, o quien cierra sus ojos y oídos a la novedad de Dios. Y es que se nota aquí el efecto típico del Maligno: la división en el seno de la comunidad eclesial.

Las divisiones son síntoma de la presencia de pecado entre los miembros de una familia, un grupo o comunidad.

Puede suceder que nosotros hayamos visto las liberaciones de Jesús en nuestra vida, en nuestro entorno, y que aun así no nos parezca suficiente. ¿Cuándo he pedido una señal a sabiendas de que ya había recibido las necesarias? No basemos nuestra relación con Dios en una suerte de magias, al estilo de los simpatizantes del Maligno.

Jesús es el más fuerte, es el que vence y quita las armas del Enemigo que se ha enseñoreado de la comunidad. Jesús nos ayuda a desmantelar las instituciones e ideologías que poseen y embargan la mente y el corazón de los más vulnerables.

Pongamos atención, comprendamos nuestra división: nosotros, que hemos sido liberados de las ideologías opresoras, si no acabamos de optar por Jesús, caeremos en un estado peor que el primero.

Oración:

Señor Jesús: Tú, que eres el más fuerte, ayúdame a recordar y reconocer las veces que me has liberado; esos milagros silenciosos que abrieron mi entendimiento y sacudieron las ideologías que me tenían como poseído. Saca de mí cualquier espíritu inmundo que bloquee tu Palabra y la sabiduría espiritual que quieres darme. Ayúdame a superar mis divisiones internas, las que en ocasiones aparecen en mi relación de pareja, de familia y de comunidad.

 

Permite que junto con los míos, desde nuestro hogar, no pidamos otra señal que experimentar la alegría de tu presencia, manifestada en la verdad, la caridad y la unidad. Amén.