Con su perseverancia salvarán sus almas

Hemos llegado al final del Año litúrgico. El Evangelio de hoy, igual que el de los otros dos sinópticos (Mateo y Marcos), concluye con el discurso escatológico; es decir, “de las realidades últimas”.

Nosotros escogemos como idea, “Vivir nuestro día”; porque en el Evangelio, Jesús nos propone vivir con valentía el tiempo que precede al final, como nuestro propio día, anterior al día final del Señor. Implica mantenerse ante la persecución. Nuestro día es también el día de la Iglesia en el que nos mantenemos en tensión avanzando hasta la consumación de nuestra historia o de la historia.

Sería mejor vivir sin pensar en estas realidades, porque son incómodas, comprometen nuestra conciencia y nuestra manera de vivir.

Con la predicción sobre la ruina del templo: “Días vendrán en que no quedará piedra sobre piedra de todo esto que están admirando; todo será destruido”, Jesús no intenta dar un mensaje alarmista o de terror, sino de esperanza, de vida y de amor. Para los judíos, la destrucción de la Ciudad Santa, señala el fin del mundo, de su mundo, su época y su historia. Para Jesús, según la teología de Lucas, significa el inicio de una nueva época, el inicio del tiempo de la Iglesia y de la misión. Significa el día del creyente, el día del reinado de Dios.

A la pregunta: ¿Cuándo va a suceder esto y cuál será la señal de que ya está a punto de suceder? Jesús no da una fecha, solo define que antes de que llegue el día, hay que mantenerse firmes ante todas las vicisitudes o persecuciones para conseguir la vida definitiva.

Lo mejor que podemos hacer, de frente a este mensaje del día final, es vivir a plenitud nuestro día; el tiempo maravilloso que Dios nos permite de incursionar en el conocimiento de todo cuanto existe y en la experiencia profunda del amor.

Oración:

Señor Jesús, ayúdame a vivir en continuo estado de discernimiento. Que alcance a entender el final de mi vida y el final de la historia. Que me sostenga en la persecución; en aquello que contamina mi visión creyente del mundo, de la historia y de ti.

Haz que junto con mi familia, nos mantengamos vigilantes. Que nos dejemos iluminar por tu Palabra y la Eucaristía. Que tengamos paciencia, entendiendo que no nos haremos expertos en escatología de la noche a la mañana, pero que esforzándonos en el discernimiento, tomaremos las mejores decisiones y viviremos a plenitud nuestro día. Amén.