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CONDICION HUMANA EN TOMAS DE AQUINO, LA.

Precio normal: MXN 616.00

Precio Especial: MXN 492.80

Autor(es): CHAVARRI LOPEZ DE DICASTILLO, ELADIO

Editorial: SAN ESTEBAN EDITORIAL

Año: 1994

Encuadernación: Rústica con Solapas

Páginas: 363 p.

ISBN: 8487557716

EAN: 9788487557716

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Quizás los acontecimientos vitales más relevantes del siglo veinte sean la ilusionada encarnación y la decepcionante caída de los socialismos colectivistas. Los europeos estamos obligados a inter-pretarlos responsablemente. Hacer la vista gorda o distraerse con otros ismos de moda representa una crasa huida del hombre que hemos engendrado. ¿No fuimos acaso nosotros quienes embarcamos al Mundo en esa aventura?

No podemos obviar la tremenda marejada que agita a muchos pueblos. Lo más urgente es, sin duda, evitar la muerte prematura, reducir el sufrimiento, saciar el hambre, fomentar la reconciliación y aprender todos a convivir de nuevo a nivel interno e internacional. También hay que entrar abiertamente en el terreno de la hermenéutica. La caída manifiesta, entre otras cosas, la flagrante imposibilidad de encarnar condiciones humanas a golpe de poder.

Prueba, asimismo, la vana osadía de programar la condición humana para toda la Historia, haciendo tabla rasa del pasado y el porvenir. Tiende, por otra parte, a una especie de consagración histórica del Hombre Productor Consumidor.

Se nota también cansancio, apatía y tal vez vergüenza por la reflexión comprehensiva sobre el linaje Homo. El desencanto al respecto invade el tejido social, el plano político y el estamento de la inteligencia -científicos, filósofos teólogos-. Este libro está escrito para quienes demandan vitalmente más humanidad que la del Hombre Productor Consumidor. Un estupendo signo de esa noble actitud es la reflexión sobre la calidad de sustancia humana que discurre por las arterias de la humanidad industrializada.

Pero no es fácil encarar una tarea semejante. Necesitamos la ayuda de grandes pensadores que nos hayan precedido en el desarrollo de esta compleja y soberana razón. Así podremos cotejar nues- tros hallazgos con sus vigorosas concepciones. A nadie se le dispensa de reflexionar por su cuenta y riesgo. Cada uno verá el autor que le sirve verdaderamente como válido interlocutor. Yo he escogido a Tomás de Aquino, porque me parece un fértil punto de referencia y contraste. En el prólogo y en el capítulo primero del ensayo justifico esta elección.